El estrés y sus consecuencias en el rendimiento.

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El estrés y sus consecuencias en el rendimiento.

Que el estrés es una de las grandes epidemias de nuestro tiempo, es un secreto a voces. El impacto a nivel global de la epidemia de estrés negativo, comienza a convertirse en una preocupación de primer orden. Según un estudio de las universidades de Harvard y Stanford publicado en la revista Science Management, el estrés en el trabajo puede generar más de 120.000 muertes al año y 190.000 millones de dólares de gastos en atención sanitaria en los EE.UU. Una auténtica barbaridad… 

¿Cómo afecta el estrés al rendimiento y facturación de tu empresa?

En Europa y en concreto en España tampoco estamos a salvo de esta epidemia. Según datos del último informe publicado por el INE (Instituto Nacional de Estadística), el estrés y la ansiedad son las responsables  del 30% de las bajas laborales en el país y los trabajadores que sufren estrés negativo, son un 60% menos productivos que aquellos con recursos para regular adecuadamente sus emociones.  Y si saltamos el charco, nos encontramos con que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), países como México se encuentran en el primer puesto en lo que  a niveles de estrés laboral se refiere.

Y además es que el estrés no sólo afecta a nuestra vida profesional, sino que lo sentimos en nuestras carnes, también en nuestras facetas más personales. ¿O es que ser padres o madres no es estresante? ¿Y la convivencia en pareja? ¿Y hacer la colada? En fin, que de acuerdo a la Escuela de Salud Pública de Harvard 

Estás son las fuentes más comunes de estrés cotidiano:

  • Armonizar horarios
  • Hacer recados
  • Viajar al trabajo
  • Usar las redes sociales
  • Cocinar
  • Limpiar los baños
  • Hacer reparaciones del hogar

El estrés y la muerte

Y también es verdad que un interesantísimo estudio (Vetarans Affair Normative Aging Study) que ha durado 50 años y del que se han publicado los resultados en el año 2014, realizó seguimiento a 1300 varones de Boston y les pidió que informaran de 2 tipos de sucesos estresantes. Grandes sucesos por un lado (divorcio, accidente grave, etc…) y dificultades diarias por otro (del estilo de las que recoge el listado de la Escuela de Salud Pública de Harvard). Lo curioso es que quienes reportaron más dificultades diarias, tuvieron 3 veces más probabilidades de haber muerto al final del estudio

Pero la clave está en que los reportes sobre los quehaceres diarios debían reflejar si estos representaron una dificultad o una satisfacción. Las conclusiones fueron aplastantes.  La actitud de los participantes frente a las actividades diarias, fue el mejor predictor de mortalidad a lo largo del estudio. No fueron los grandes sucesos estresantes como cabría esperar, sino su actitud ante los desafíos diarios, que son connaturales a la vida. De hecho uno de los elementos que convierte al estrés en tóxico o no, es nuestra percepción de si lo que está sucediendo es una amenaza o una fuente de oportunidad y satisfacción de algún tipo para nosotros. Es por ello que cosas que a ti te generan muchísimo estrés, para otras personas no resultan en absoluto estresantes, sino incluso estimulantes

Pongamos un ejemplo: por lo general, a la gente no le resulta muy estimulante hablar en público y menos en auditorios con más de 1.000 personas clavando su mirada sobre ti. Es posible que el corazón lata más rápido, los músculos se tensen, la respiración se acelere y que la mayoría de las personas consideren estos signos como señales de que algo va mal o muy mal, acercando el miedo a niveles de pánico y bloqueo. Sin embargo a mi, que disfruto profesionalmente con ello, me encanta, me resulta estimulante y mejora mi rendimiento ese puntito de estrés positivo que siento en el estómago ante grandes auditorios. Aumenta mis niveles de energía, concentración, motivación, agilidad, es decir que el estrés en ese caso no me limita, sino que me potencia.

Estres Leandro Fernandez Macho

Potenciarte con tu estrés es posible

Y resulta que investigaciones como la publicada por el departamento de psicología de la universidad de Harvard (Jamieson, Nock  & Mendes 2012) usando precisamente este factor estresante, hablar en público, confirman que la actitud de la persona frente a su estrés influye de forma crítica en cómo ese estrés la potencia o la limita. 

Dicho estudio reveló que haciendo creer a una parte de los participantes que las señales fisiológicas del estrés que iban a experimentar al enfrentarse al auditorio, eran señales positivas de que su cuerpo y su cerebro les estaban preparando para entrar en estado de “alto rendimiento”, las personas entraban en estrés positivo de alto rendimiento.

No es que no sintieran estrés,  porque aumentaban los niveles de alfa amilasa salival y con ello de estrés, sino que interpretaron ese estrés como un aliado que venía en su ayuda para llevar más sangre y más oxígeno a todos sus órganos  y así poder enfrentar el reto con sus mejores capacidades y recursos. De hecho las personas que cambiaron su actitud frente al estrés y que no trataron de evitarlo sino de aprovecharlo, no sólo fueron capaces de ofrecer un mejor rendimiento que las que consideraban que las señales del estrés anunciaban problemas, sino que sus vasos sanguíneos se contrajeron menos, por tanto el flujo de recursos (sangre, oxígeno,…) fue mayor hacia todos sus órganos y la protección de su salud cardiovascular más alta. 

En los últimos años han surgido un creciente número de investigaciones, que muestran cómo el estrés puede ser el mayor asesino en serie de la historia, o el aliado estratégico más relevante al servicio de una vida que merezca ser vivida.

 

La solución: Estrategias de gestión positiva del estrés

Es fundamental que en nuestras estrategias de gestión positiva del estrés, se encuentren:

  1. El ejercicio físico

  2. El cuidado del descanso

  3. De la alimentación 

  4. El entrenamiento mental y emocional con herramientas como mindfulness.

Y no es menos cierto que al mismo tiempo, sea necesario actualizar nuestra actitud ante el estrés, ya que las nuevas investigaciones ponen de manifiesto que el estrés es algo más que lo que identificaron el fisiólogo americano Walter Cannon  allá por 1915 y el endocrinólogo húngaro Hans Selye en 1936. 

Además de la respuesta de lucha-huída, la respuesta de desafío, la respuesta de apoyo y la respuesta de crecimiento resiliente, también forman parte de la respuesta de estrés.

De hecho el camino para mejorar nuestra capacidad de gestión del estrés, tal vez no sea demonizarlo, sino gestionarlo y entrenar nuestra actitud ante él. Porque quizás el estrés sea parte natural de la vida, cuando perseguimos roles o metas que nos “llenan de vida”..

Y si no, respóndete a algo…

¿En qué partes de tu vida tiendes a experimentar ilusión, amor, alegría, aprendizaje o sensación de que eso contribuye a dar sentido a tu vida?

Esas partes de tu vida en las que tiendes a experimentar lo anterior ¿resultan ocasional o frecuentemente estresantes?

¿Cómo sería tu vida si las perdieras? 

Y recuerda que tal vez, sólo tal vez… nuestra actitud ante lo que sucede, influye en lo que sucede…

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No hay duda que el estrés tiene consecuencias en tu rendimiento si se gestiona mal, pero... ¿sabías que puede ser tu mayor aliado?
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