Se el primero en lograr el cambio que necesitas

Resiliencia ¿Qué es y cómo desarrollar tu capacidad para crecer con la adversidad?

Resiliencia Largo Leandro Fernandez macho

La resiliencia es la capacidad para enfrentar los desafíos que la vida nos propone,  aprender y crecer con ellos, saliendo fortalecidos al  superarlos. No cabe duda de que nos encontramos ante una de las capacidades que marcan la diferencia en la vida de cualquier persona. Vivir conlleva la oportunidad de experimentar momentos increíbles y maravillosos, así como momentos duros y muy difíciles.   https://www.youtube.com/watch?v=gunE6bxZtEs Entrenar la habilidad de resiliencia para manejar cualquier desafío. El dolor forma parte de la vida, nos guste o no, y por mucho que intentemos evitarlo o la sociedad negarlo, no hay donde esconderse. Desarrollar los recursos emocionales para manejar los desafíos que aparecerán en el camino, es posible que sea una de las mejores inversiones que podemos hacer en nosotr@s mism@s. La resiliencia, más allá de ser una capacidad con la que nacemos, es una capacidad que podemos aprender, entrenar y desarrollar. Una de las investigaciones más interesantes que he conocido sobre la resiliencia, es la llevada a cabo en la universidad de Northwestern (Chen y Miller 2012). En ella, estudian las claves que permiten a niños y niñas de entornos socioeconómicos muy desfavorecidos, salir fortalecidos de esa situación y crecer con ella. ¿Dónde está la diferencia entre los niños que salen fortalecidos y los que son devorados por la situación adversa que les ha tocado vivir? Y lo que no es menos importante… las claves que determinan esa diferencia ¿se pueden aprender? Porque esto no sería necesario si pudiéramos cargarnos de un plumazo todas las adversidades, obstáculos y desafíos de la vida… pero la realidad es que no, no podemos… No podemos evitar que el mar produzca olas, pero sí que podemos aprender a surfearlas para que no nos engullan. Las dos claves para conseguir que adversidades, obstáculos y desafíos nos fortalezcan Así que lo que descubrieron Chen y Miller, es que hay 2 claves actitudinales capaces de obrar el milagro y proteger a los niños y niñas, de los riesgos de salud asociados a entornos pobres e inseguros. La primera clave es la “Actitud de Cambio”   Esta clave empieza con aceptar la situación que no podemos cambiar y orientarnos hacia cambiar lo que sí depende de nosotros, que en muchos casos es nuestra actitud. Aceptar no es rendirse ni resignarse, como vimos en la página sobre mindfulness. Aceptar es tener la inteligencia de no hacer más difícil lo que ya es difícil de por sí, y actuar donde sí tenemos capacidad para cambiar las cosas. Desgastarnos inútilmente en tratar de cambiar lo que no está en nuestras manos es el camino más directo a experimentar sufrimiento. Los momentos de dolor son inevitables por el hecho de estar vivos. Pero el sufrimiento es opcional, porque este proviene de la no aceptación del dolor. Del deseo profundo de evitar sentir eso que estamos sintiendo y no podemos cambiar. Y luchar contra lo que no podemos cambiar, suele salirnos bastante caro, porque nuestras posibilidades de victoria son tantas como ninguna. Y con esto no estoy diciendo que no actuemos para mejorar la cosas, sino que lo hagamos a plena potencia en aquello sobre lo que sí podemos actuar. La ecuación del sufrimiento es la siguiente: Dolor x Resistencia = Sufrimiento.  Cuentan que una vez llegó Buda a un pueblo y se le acercó una señora que acababa de perder a su hijo. El dolor emocional de la pérdida de un hijo es el más grande que puede experimentar una persona. Ella le pidió a Buda que le diera algo para no sentir más ese profundo dolor y Buda le dijo: “para poder darte lo que pides, antes necesito que vayas a todas las casas del pueblo y por cada casa en la que nunca haya habido dolor por algún suceso, tráeme una semilla de sésamo”. La señora recorrió todas las casas del pueblo sin fortuna y regresó al lado de Buda diciéndole: “no he podido traerte ninguna…” Y en ese momento se dió cuenta de lo que Buda le estaba mostrando… la necesidad de aceptar y sentir su dolor para dejar de alimentar el sufrimiento y poder trascenderlo… Así que la “Actitud de Cambio” implica por un lado aceptar y dejar de luchar contra lo que no podemos cambiar y por otro “cambiar” la manera de pensar sobre la adversidad. Esto implica ser capaces de hacer el esfuerzo de encontrar la oportunidad de aprendizaje y crecimiento, que para nosotros  podría esconderse detrás de esa situación difícil. Por experiencia propia sé que  no es fácil y también por experiencia propia, sé que con esfuerzo y práctica, cada vez somos más capaces de destilar la oportunidad detrás de la dificultad. ¿Qué puedes aprender? ¿Para qué podría resultarte útil  la dificultad de esa situación? ¿Qué es lo bueno que podría desprenderse de ella? La segunda clave es la “Actitud de Persistencia” Esta clave tiene que ver con ser capaces de mantener la esperanza y el optimismo, porque “todo pasa”… lo maravilloso y lo doloroso… todo pasa, cambia, se transforma. Nuestro cerebro lleva muy mal el dolor y crea la sensación de que si no nos lo sacamos de encima cuanto antes, podríamos morir. Nuestro cerebro primitivo funciona así, tratando de ayudarnos a sobrevivir, pero que funcione así, no significa que siempre esté en lo cierto. Ser capaces de aceptar el dolor, nos permite, dejando de luchar, disponer de recursos para mirar el futuro con la esperanza de que las cosas mejoraran, a pesar de que en el momento presente estén siendo duras. Además, la actitud de persistencia incluye otro elemento importante: considerar que lo que nos está sucediendo, de algún modo, aún cuando nosotros no podamos todavía verlo, nos ayudará a contribuir de una manera más positiva al mundo, a la vida y a los demás. Es como que la vida premiara a aquellos que, con lo que les sucede, trataran de ayudar a otros de alguna manera. No en vano, hay multitud de investigaciones que ponen esto de manifiesto, como por ejemplo la de Arnstein, Vidal, Wells-Federman, Morgan y Caudil (2002), en la que personas que padecen un  … Leer más

Autoconocimiento: conocerte para potenciarte y superarte

Autoconocimiento

El autoconocimiento es el conocernos lo suficiente para comprender nuestras emociones, pensamientos, fortalezas, debilidades, defectos y creencias. En otras palabras, es tener una comprensión profunda y honesta de uno mismo.  Esto implica ser consciente de nuestras reacciones emocionales y pensamiento en diversas situaciones y cómo estos afectan nuestras acciones y decisiones.  El conocernos es fundamental para el crecimiento personal y el desarrollo emocional, ya que nos permite identificar áreas de mejora y trabajar en ellas, así como tomar decisiones informadas y coherentes en base a nuestros deseos El autoconocimiento es una tarea apasionante, desafiante y que bien puede llevar toda una vida. Tal y como está configurado nuestro cerebro, entre el 85 y el 95% de nuestros procesos mentales y emocionales son gestionados por nuestro subconsciente.  Las investigaciones con pacientes con cerebros divididos (sin conexión entre ambos hemisferios), han demostrado que el hemisferio izquierdo constantemente inventa historias sobre los motivos por los que hacemos o suceden las cosas, a pesar de no tener ni idea. Para nuestro cerebro, no tener una historia es infinitamente más terrorífico que tener una aunque sea inventada.  De este modo, disponer de algún tipo de mapa que nos oriente en el descubrimiento de nosotros mismos, acelera y afina de forma notable el proceso. En todos estos años trabajando el desarrollo de la inteligencia emocional, cuya primera competencia crítica es la conciencia de un@ mism@, no he conocido ninguna herramienta tan potente como el eneagrama. Es verdad que actualmente hay muchas que pueden ser útiles, pero yo no he conocido ninguna con el nivel de  profundidad, precisión e impacto que aporta el eneagrama. Que es el Eneagrama. La herramienta más potente para potenciar tu autoconocimiento. El Eneagrama es un sistema profundo y dinámico que, a modo de mapa de la psique humana, describe las 9 estrategias básicas a través de las que el ser humano se adapta a su entorno. Todos nosotros, llevamos en nuestro interior parte de esas 9 estrategias y también es cierto que una de ellas es la que en mayor medida nos domina, condiciona y dirige. Descubrirla, es el primer paso de este camino hacia un nuevo nivel de autoconciencia, autogestión, conciencia y gestión de las relaciones.  Los eneatipos. La programación de cada individuo. Cada estrategia, o eneatipo en el lenguaje del Eneagrama, es como un software compuesto por su propio paquete de creencias, valores, miedos, deseos, hábitos de atención, sesgos, patrones mentales, emocionales, conductuales, talentos y debilidades, tanto naturales como potenciales.  El Eneagrama nos permite reconocer el software desde el habitualmente cada individuo filtra la realidad y responde ante ella.  Permite que salgamos lo suficiente de nuestra subjetividad, para comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. El Eneagrama coloca un “potente haz de luz” sobre muchas de nuestras zonas “en sombra”, situándonos en una posición privilegiada desde la que desarrollar las posibilidades que todos llevamos dentro.  Las tríadas y los tres centros básicos de inteligencia En el lenguaje del Eneagrama, es habitual hablar de las tríadas y los tres centros básicos de inteligencia del ser humano: el centro instintivo motor, el centro emocional y el centro mental. Estos tres centros conviven en todos nosotros realizando funciones “básicas” para nuestra supervivencia y el Eneagrama nos revela la dominancia de uno de esos tres centros en nuestra manera de percibir y procesar la información del entorno. Además, cada uno de estos tres centros de inteligencia, suele relacionarse con la popular teoría de Paul Maclean del cerebro triuno (reptiliano, límbico y neocórtex). La tríada instintiva Así, tenemos que los eneatipos 8, 9 y 1 forman la llamada tríada instintiva. Estos tres tipos de personalidad, comparten la percepción del mundo en mayor medida a través de sensaciones físicas, y tienden a reaccionar de forma instintiva o impulsiva antes las cosas que les suceden. Algunos parecen moverse por intuiciones, sensaciones o por “lo que le dicen sus tripas”, más que por razonamientos lógicos y bien argumentados”, mientras otros tratan de refrenar su impulso para poder gestionarlo de forma razonada. Tienen la necesidad dominante de autonomía. Así, tienden a manifestar actitudes de resistencia y control tanto dirigido hacia amenazas externas como internas, que derivan en desafíos relacionados con la agresividad o la represión.  Bajo las defensas adaptativas de estos tres estilos de personalidad, subyace una emoción  relacionada con la supervivencia, conocida como “ira”. El tipo 8 exterioriza la ira contra los demás, el tipo 1 la lanza contra sí mismo y el tipo 9 se esfuerza en no sentirla interiormente y no manifestarla hacia fuera. La tríada emocional Los eneatipos 2, 3 y 4 forman la tríada emocional. Las personalidades emocionales, tienden a percibir el mundo a través de emociones y sentimientos, tanto propios como de los demás. Tienen facilidad para captar el ambiente emocional de un lugar, el estado de ánimo de una persona, lo que sucede en su interior, sus necesidades emocionales, así como el impacto que causan en los demás. Así pueden tener facilidad para adaptarse inconscientemente a los otros tratando de generar vínculos o impactos emocionales generadores de atención positiva hacia ellos. Comparten una necesidad dominante de atención. Tienden a manifestar actitudes de preocupación con respecto a su imagen y cómo ésta es percibida por los demás, lo cual deriva en desafíos relacionados con la identidad (¿quién soy yo?) y la susceptibilidad hacia la valoración que reciben de los demás.  Bajo las defensas adaptativas de los tres eneatipos emocionales, subyace la emoción de la vergüenza. Ésta, trata de ser evitada inconscientemente de diferentes modos. El tipo 2 se esfuerza en reconocer, anticiparse y estar siempre disponible para las necesidades de los demás, recibiendo aprecio por ello. El tipo 3 se esfuerza en sobresalir y tener éxito en lo que emprenda para ser considerado por los demás y por si mismo como un ser valioso. Por último el tipo 4, se esfuerza en crear una imagen de ser único, auténtico, original, diferente y un tanto incomprendido, atrayendo atención y reforzando así su sentido de autoimportancia.   La tríada mental Por último, los … Leer más

Negociación y cómo hacerlo con eficacia. Porque todos estamos negociando todo el tiempo

Negociacion Largo

La negociación, es una constante en la vida de las personas. Negociamos con nuestra pareja qué cenamos hoy o quién baja la basura, con nuestra madre si es necesario llevar abrigo o no porque ella dice que hace mucho frío, con nuestros colaboradores porque hemos tenido una punta de trabajo y necesitamos reorganizarnos, con nuestr@ jefe/a si podemos teletrabajar esta semana porque tenemos varias reuniones fuera de la oficina y cerca de nuestra casa, o con nuestro proveedor de servicios porque si le vamos a comprar 100, nos gustaría que nos hiciera un descuento por volumen.  Consecuencias de la falta de la habilidad en técnicas de negociación La vida es una negociación constante a varias bandas y con una gran variedad de interlocutores. Si nuestras habilidades son pobres, iremos por ahí resentidos, decepcionados o abatidos por no haber sido capaces de lograr lo que necesitábamos, o con la armadura, el escudo y la espada, por si nos encontramos con alguna persona a la que le hayamos pasado por encima. Negociar es un arte porque exige la utilización de múltiples habilidades consistentemente en un mismo contexto: visión de largo plazo, planificación, autocontrol, empatía, comunicación e influencia, asertividad, gestión de conflictos, creatividad, intuición. ¿Qué es una negociación? Definición de negociar Pues mi definición de negociar es: generar una relación orientada a satisfacer las necesidades de todas las partes tanto como sea posible, asociándose para establecer criterios, ofrecer alternativas, comunicarse constructivamente y alcanzar compromisos viables. Los miedos que afrontamos en la negociación Me gusta pensar que no hay negociaciones difíciles, sino simplemente situaciones que no sabemos cómo resolver. Negociar al fin y al cabo desafía 2 de nuestros grandes miedos, el miedo a la sensación de descontrol y el miedo al rechazo o la exclusión. Esos miedos ancestrales disparan la respuesta de amenaza cerebral lucha – huída- bloqueo, y con ello las emociones primarias de ira y miedo. Es un desafío porque para nuestro cerebro primitivo (ese que se actualizó por última vez hace unos 40.000 años) todo aquel que piense, sienta y actúe de forma diferente a nosotros, de entrada y hasta que se demuestre lo contrario  es un posible enemigo de otra tribu que o bien quiere nuestro territorio, nuestros alimentos, a nuestros hijos e hijas como esclavos o incluso peor, matarnos a todos.  Negociar es “compartir el control” Es un desafío porque negociar implica “compartir el control” para crear un escenario que sea suficientemente favorable a todas las partes. Y es un desafío porque para que la confianza fluya, las partes han de sentirse incluídas, escuchadas y respetadas, más allá de sus diferencias. Y es un desafío porque mientras aprendemos a gestionar constructivamente estas diferencias, el mundo no se para y debemos conseguir resultados que nos permitan avanzar y no quedarnos atrás, para lo cual la colaboración resulta absolutamente imprescindible. Lo que por desgracia sucede en muchos casos, fruto de la falta de habilidad para resolver situaciones, es que o bien una parte se impone a la otra, deteriorando la relación de cara a futuras negociaciones, o bien se llega a un acuerdo intermedio, que deja a todos insatisfechos. Para lograr resultados positivos en las negociaciones, quiero compartir contigo mi modelo  10 pasos para una negociación de éxito Conoce tu estilo de negociación dominante: si no te conoces, tienes más puntos ciegos y si tienes más puntos ciegos, es más difícil que sobre todo bajo presión, puedas gestionarte con eficacia. El secreto de quien negocia con éxito, parte de la capacidad de leer, qué estilo requiere cada momento para adaptarse con rapidez y eficacia. ¿Tiendes más hacia la necesidad de control o hacia la necesidad de aprobación? ¿Tiendes a eludir el posible conflicto con la otra parte o a provocarlo para lograr lo que quieres? ¿Tiendes a complacer a la otra parte aunque eso signifique sentir que tú estás perdiendo, o tiendes a colaborar para encontrar una solución suficientemente buena para todos?  Si ya conoces a tu interlocutor/a, piensa en cómo adaptar tu estilo para favorecer una relación constructiva y de alto rendimiento. ¿Tiene más necesidad de control? Ve al grano. ¿Tiene más necesidad de aprobación? Invierte tiempo en conectar y crear el clima emocional más favorable.  Si no l@ conoces muestra interés por conocerl@ y cuidar la relación. Y recuerda, no personalices los posibles conflictos que surjan. Separa el problema de la persona. Prepara la negociación: qué es negociable, qué no lo es, qué necesitas, qué hechos y datos relevantes lo apoyan y cual es tu límite en la negociación. Alternativas para ti en el caso de no llegar a un acuerdo. Ten esto siempre claro. Tus límites en la negociación, se basan en las alternativas de las que dispongas. Descubre su intención positiva, más allá de sus peticiones de superficie: qué es lo que busca conseguir importante para sus intereses, más allá de sus peticiones. ¿Qué es lo importante que su petición le permite conseguir? No te quedes en la superficie, “rasca” para comprender lo que es esencial para tu interlocutor/a. Asegura la comunicación: el cerebro utiliza los filtros de la personalidad, la historia de aprendizaje o la situación de cada uno para interpretar la información que recibe. La comunicación eficaz es difícil, así que no caigas en la trampa de creer que lo que transmites es interpretado por la otra persona tal y como tu esperas. Pero tampoco caigas en la trampa de creer que lo que tú interpretas es exactamente lo que la otra persona quiere transmitirte. Escucha con atención, resume lo que te ha dicho y expresa tu opinión asertivamente para avanzar sobre terreno firme. Identifica indicadores de éxito para todas las partes: acordar indicadores objetivos que nos permitan evaluar la viabilidad de las opciones y el éxito en definitiva del proceso, nos ayudará a alcanzarlo. Explora opciones que satisfagan su necesidad esencial, la tuya y los indicadores de éxito: estimula el brainstorming conjunto, para generar opciones viables usando la información de la que disponéis. Resume, confirma y cierra: repasar los acuerdos alcanzados, confirmar … Leer más

Mindfulness. Reduce tu estrés, potencia tu rendimiento y mejora tu bienestar

mindfulness

¿Qué es mindfulness? Mindfulness es un estado de la mente, un estado de atención plena y focalizada en el presente. A pesar de que ciertos términos y prácticas utilizados provengan de tradiciones orientales, Mindfulness es una práctica sin ningún tipo de reminiscencia cultural y  que cuenta con una sólida base científica. Mindfulness es una traducción de la palabra “Sati”(que proviene de la lengua pali, uno de los idiomas en los que fueron escritos los discursos de Buda) y su significado es amplio. Comúnmente lo hemos traducido como “atención plena”, “consciencia plena” u “observación clara”. Desde hace miles de años nuestros antecesores han recurrido a indagar en su mundo interno para encontrar soluciones a los inconvenientes que les planteaba su mundo externo, y esta sabiduría se ha ido transmitiendo generación tras generación. Pero desde Occidente no se le había prestado demasiada atención a la necesidad de cultivar el desarrollo personal del ser humano. Aunque hay múltiples definiciones y matices que intentan explicar lo que es Mindfulness, todas ellas incluyen aspectos que destacaremos a lo largo del articulo. https://youtu.be/UUIGF7swFgQ Últimamente se escucha el término Mindfulness por todos lados. ¿A qué viene esta moda? ¿Es algo que puede ayudarme? Pues veamos. Vivimos tiempos de cambios vertiginosos que nos desafían de forma constante. El entorno, tanto profesional como personal, se vuelve cada vez más exigente haciendo evidente que en muchos casos no hemos desarrollado recursos personales, que nos permitan responder eficazmente a esas demandas. Las “garras del estrés negativo” y todas las desfavorables consecuencias que tanto a nivel profesional como personal, le acompañan, nos acechan como sociedad y como individuos. Según datos del último informe publicado el 27/01/14 por la agencia española de medicamentos y productos sanitarios, en España entre el año 2000 y el año 2012, el consumo de hipnóticos y sedantes aumentó un 81,8% y el de ansiolíticos un 46,8%.  A nivel mundial según la OMS, se calcula que la depresión afecta a más de 350 millones de personas en el mundo, y que la demencia crece a un ritmo de 7,7 millones de nuevos casos al año… Todo este contexto global, es el que impulsa el auge de Mindfulness en occidente, tanto en el ámbito sanitario, como educativo, deportivo y por supuesto “empresarial”…. Y sencillamente por un motivo, PORQUE FUNCIONA.  Mindfulness para el alto rendimiento  La cantidad de evidencia científica de la que disponemos actualmente sobre el impacto de la práctica de mindfulness en nuestra vida es apabullante. Las técnicas de neuroimagen han permitido mapear los cambios que provoca la práctica de mindfulness en áreas cerebrales críticas para el alto rendimiento y bienestar, como por ejemplo en los lóbulos prefrontales y las capacidades cognitivo-ejecutivas del cerebro (visualizar el futuro, planificar, razonar, evaluar automotivarse, autocontrolarse, empatizar, comunicarse eficamente, etc…). Investigaciones de prestigiosas universidades como Harvard o Stanford, demuestran que la práctica favorece la neurogénesis (creación de nuevas neuronas), neuroplasticidad (creación de nuevas conexiones entre las neuronas para favorecer la adaptación y el aprendizaje), reducción de creencias y emociones  negativas, aumento del rendimiento mental y de la productividad, etc… ¿Cuales son las características del mindfulness? Capacidad de estar atento La persona está enfocada en lo que está viviendo en cada momento. En el presente  Estar en el presente añorando el pasado (depresión) o centrándose demasiado en el futuro (ansiedad) nos aleja de un estado de alto rendimiento y alto bienestar mindful. En Mindfulness estamos presentes en el presente. Con intención  La práctica debe ser un ejercicio de voluntad, de querer. Con el tiempo, el proceso se vuelve natural y se puede estar en este estado durante mucho más tiempo. Con actitud de apertura Lo cual no es lo mismo que resignación o pasividad, sino que tiene que ver con no desgastarnos frente a lo que no podemos cambiar y hacer un uso inteligente de nuestros recursos actuando al máximo de nuestras posibilidades en aquello que depende de nosotros. La rápida extensión del fenómeno Mindfulness en la actualidad, podría explicarse en parte, como la necesidad de encontrar nuevas formas de gestionar eficazmente los desafíos personales y  profesionales, que aparecen en este entorno frenético y cambiante, fruto de nuestra propia creación. La buena noticia es que la cualidad de la atención(que es innata en nosotros, como seres humanos) puede entrenarse y cultivarse mediante la práctica regular, para conseguir un mayor nivel de rendimiento y bienestar. En la práctica de Mindfulness es conveniente aclarar ciertas ideas,para comenzar a entrenar desde una base sólida y clara, de lo que significa y lo que no, este tipo de entrenamiento. Por ello, vamos a desterrar algunas de las ideas preconcebidas más habituales y que nos dan una idea general de lo que NO es Mindfulness: ¿Qué no es Mindfulness? No es dejar la mente en blanco: el funcionamiento de nuestro cerebro genera continuamente pensamientos. Con Mindfulness, simplemente tomamos conciencia de este funcionamiento, para poder gestionarlo. No consiste en suprimir emociones: mindfulness no persigue anular las emociones (como la ira, la tristeza o el miedo), sino hacernos conscientes de cuándo y cómo surgen, para poder gestionarlas con mayor eficacia. No persigue escapar de lo que nos molesta, sino ayudarnos a reconocerlo y a no reaccionar impulsivamente ante ello. Cuando reaccionamos violentamente ante lo que no nos gusta, se potencia. No es reflexión enjuiciadora: no viene en forma de voz interna que constantemente examina nuestros actos y pensamientos; en Mindfulness no se enjuicia la experiencia, sólo se observa. No es una práctica individualista: de manera natural y adaptativa, las personas que practican Mindfulness, desarrollan una mayor sensibilidad y capacidad para gestionar las relaciones interpersonales. No es una solución “parche”: la evidencia que llega con la práctica de Mindfulness, demuestra que prácticas diarias de entre 10 y 20 minutos aproximadamente, son capaces de producir resultados y cambios a nivel psicológico, emocional y conductual. Pero como en toda práctica, la constancia y la disciplina juegan un papel muy importante, y los mejores resultados se obtienen cuando somos capaces de integrar la práctica de mindfulness en nuestra vida cotidiana. Tu mente secuestra tu atención … Leer más

Desarrollar tu inteligencia emocional y gestionar tus emociones

Inteligencia Emocional Leandro Fernandez

Claves para lograr el éxito en el trabajo y en la vida Aunque toda la vida se ha hablado de gestionar emociones, en la década de los 90 surge con fuerza el concepto de la inteligencia emocional y su importancia capital para el éxito profesional, a partir de que investigadores como Daniel Goleman, comiencen a popularizar estudios relevantes al respecto.  En uno de ellos realizado con 188 grandes organizaciones públicas y privadas de EE.UU., los investigadores rastrean profesionales y líderes “top”. Personas capaces de lograr resultados y relaciones excelentes de forma sostenida en el tiempo. En este caso no sólo es suficiente lograr los mejores resultados económicos, sino que es imprescindible lograrlos con el apoyo, la colaboración y el aprecio de colaboradores, compañer@s, jefes/as, clientes, proveedores. Los investigadores rastrean mediante entrevistas y diferentes tipos de pruebas, 3 clases de habilidades para identificar aquellas marcan la diferencia y  comparten l@s profesionales y líderes top: Habilidades cognitivas (por ejemplo capacidad de planificación o síntesis) Habilidades técnicas (por ejemplo dominio de idiomas o software) Habilidades emocionales (por ejemplo autocontrol o empatía) Los resultados muestran que el cociente intelectual por ejemplo, es importante, pero contrariamente a la creencia popular hasta el momento, no es un factor determinante para el éxito profesional. La sorpresa viene cuando tras analizar los resultados, observan que de las habilidades que definen a los profesionales “top”, el 33,3% son habilidades cognitivas y técnicas, mientras que el 66,6% son habilidades de la inteligencia emocional. Pero no sólo eso, sino que filtrando los perfiles y analizando exclusivamente los de aquellos que ocupaban posiciones de liderazgo, los resultados eran aún más apabullantes. En los casos de los líderes “top”, tan solo el 10% de las competencias que les definían como “tops” eran cognitivas y técnicas, mientras que el 90% eran relativas a su inteligencia emocional. Todo esto sumado a descubrimientos como el de David McClelland (Harvard), que observó que los departamentos o divisiones de líderes con altos niveles de inteligencia emocional, tendían a superar los objetivos anuales entre un 15% y un 20%. O los de colegas de McClelland como Mary Fontaine y Ruth Jacobs que concluyeron que del clima de trabajo dependen casi un tercio de los resultados de una organización.  Como verán en los estudios e investigaciones realizados durante la década del 90, la inteligencia emocional comenzaba a tomar mayor protagonismo. Entonces, ¿Qué es la inteligencia emocional? https://www.youtube.com/watch?v=Yg9y2nnItyU&t=2s&ab_channel=LeandroFern%C3%A1ndezMacho ¿Y qué competencias y habilidades son esas que incluye la inteligencia emocional y son críticas para el éxito profesional y personal? Pues la inteligencia emocional se sostiene sobre dos grandes pilares: La inteligencia emocional intrapersonal, que tiene que ver con el desarrollo de la conciencia de un@ mismo y desde ahí, de la capacidad de autogestión. Comprende las siguientes competencias: autoconocimiento autoconciencia emocional autoconfianza autocontrol adaptabilidad fiabilidad independencia emocional iniciativa automotivación        2. La inteligencia emocional interpersonal, que tiene que ver con la capacidad para  comprender las dinámicas emocionales de individuos y grupos, así como gestionar eficazmente las relaciones. Comprende las siguientes competencias:  empatía orientación hacia la contribución conciencia organizativa liderazgo establecimiento de vínculos comunicación e influencia trabajo en equipo resolución de conflictos gestión de los cambios desarrollo de los demás ¿De 0 a 10, tú cómo ves tu nivel de desarrollo en cada una de estas habilidades? A partir de la avalancha de descubrimientos que ponen de manifiesto la importancia del desarrollo de la inteligencia emocional para el éxito profesional y personal, la sociedad, las organizaciones y las personas, van tomando conciencia de la necesidad de encontrar maneras de desarrollar estas destrezas.  ¿Quieres saber cómo se puede obtener un mayor manejo de emociones? 1. Desarrolla habilidades intrapersonales Es importante tener en cuenta que un desarrollo sólido de la inteligencia emocional, comienza por sentar buenas bases en el desarrollo de las habilidades intrapersonales. Es evidente que si no te conoces y eres lo suficientemente consciente de ti mism@, es enormemente difícil que puedas gestionarte con destreza. Por lo general las personas creemos conocernos bien por el simple hecho de llevar conviviendo con nosotras mismas tantos años como tenemos. Pero el autoconocimiento va mucho más allá, dado que la mayor parte de nuestros comportamientos, procesos mentales y respuestas emocionales, vienen dados por patrones gobernados por nuestro subconsciente. Además, en el colegio, la mayor parte de nosotros no disfrutó de asignaturas en las que poder entrenar este tipo de habilidades, como así ponen de manifiesto los alarmantes datos que muestran nuestra escasa capacidad para lidiar con el estrés de la vida moderna.  2. Usa las palancas adecuadas  En los últimos años, han surgido diferentes herramientas que han demostrado su eficacia para potenciar las habilidades tanto intrapersonales como interpersonales, de forma notable. Desde los aportes de la neurociencia para comprender mejor el funcionamiento, los sesgos y las “palancas” de nuestros cerebros.  3. Practica mindfulness  A la práctica de mindfulness, que cuando se integra en el día de las personas, resulta espectacular para aumentar nuestros niveles de autoconciencia, autocontrol emocional, capacidad de escucha o comunicación.  4. Trabaja con un buen coach   Hasta herramientas de acompañamiento que nos ofrece el coaching, para liberar el potencial de las personas y ayudarlas a lograr lo que persiguen en sus vidas.  5. Usa las técnicas que aporta la herramienta del Eneagrama O poderosos sistemas de análisis de la personalidad como el eneagrama, que se muestran profundamente reveladoras para conocernos mejor a nosotr@s mism@s, indicarnos el camino para avanzar hacia nuestra mejor versión, potenciar nuestra empatía y todas las habilidades interpersonales. Y esto sólo por nombrar algunas de las que en los últimos años, he tenido la oportunidad de comprobar cómo impactan en el desarrollo de la inteligencia emocional de las personas. La pregunta entonces es…  ¿Qué estás haciendo para fortalecer tu musculatura emocional?  Quizás de la respuesta a esa pregunta, dependa tu capacidad para acercarte a ser quien quieres, necesitas o aspiras a ser … Únete a nuestra comunidad y descubre técnicas y trucos para aprender o mejorar estas habilidades.  Artículos relacionados para tu crecimiento personal

Estrés: claves para mejorar tu rendimiento y bienestar

Estres Largo Leandro Fernandez

El estrés es una de las grandes epidemias de nuestro tiempo, es un secreto a voces. El impacto a nivel global de la epidemia de estrés negativo, comienza a convertirse en una preocupación de primer orden.  ¿Qué es el estrés? Según un estudio de las universidades de Harvard y Stanford publicado en la revista Science Management, el estrés en el trabajo puede generar más de 120.000 muertes al año y 190.000 millones de dólares de gastos en atención sanitaria en los EE.UU. Una auténtica barbaridad…  A la par a ello, en muchos casos, el estrés termina siendo un impulso para conseguir aquello que buscas. Por eso, te dejo el video donde desarrollo un poco más la idea.    https://www.youtube.com/embed/yajI063z7_M ¿Cómo afecta el estrés al rendimiento y facturación de tu empresa y cuales son sus consecuencias? En Europa y en concreto en España tampoco estamos a salvo de esta epidemia. Según datos del último informe publicado (2019) por el INE (Instituto Nacional de Estadística), el estrés y la ansiedad son las responsables  del 30% de las bajas laborales en el país y los trabajadores que sufren estrés negativo, son un 60% menos productivos que aquellos con recursos para regular adecuadamente sus emociones.  Y si saltamos el charco, nos encontramos con que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), países como México se encuentran en el primer puesto en lo que a niveles de estrés laboral se refiere. Y además es que el estrés no sólo afecta a nuestra vida profesional, sino que lo sentimos en nuestras carnes, también en nuestras facetas más personales. ¿O es que ser padres o madres no es estresante? ¿Y la convivencia en pareja? ¿Y hacer la colada? En fin, que de acuerdo a la Escuela de Salud Pública de Harvard  Causas de estrés cotidiano: Armonizar horarios Hacer recados Viajar al trabajo Usar las redes sociales Cocinar Limpiar los baños Hacer reparaciones del hogar El estrés y la muerte Y también es verdad que un interesantísimo estudio (Veterans Affair Normative Aging Study) que ha durado 50 años y del que se han publicado los resultados en el año 2014, realizó seguimiento a 1300 varones de Boston y les pidió que informaran de 2 tipos de sucesos estresantes. Grandes sucesos por un lado (divorcio, accidente grave, etc…) y dificultades diarias por otro (del estilo de las que recoge el listado de la Escuela de Salud Pública de Harvard). Lo curioso es que quienes reportaron más dificultades diarias, tuvieron 3 veces más probabilidades de haber muerto al final del estudio.  Pero la clave está en que los reportes sobre los quehaceres diarios debían reflejar si estos representaron una dificultad o una satisfacción. Las conclusiones fueron aplastantes.  La actitud de los participantes frente a las actividades diarias, fue el mejor predictor de mortalidad a lo largo del estudio. No fueron los grandes sucesos estresantes como cabría esperar, sino su actitud ante los desafíos diarios, que son connaturales a la vida. De hecho uno de los elementos que convierte al estrés en tóxico o no, es nuestra percepción de si lo que está sucediendo es una amenaza o una fuente de oportunidad y satisfacción de algún tipo para nosotros. Es por ello que cosas que a ti te generan muchísimo estrés, para otras personas no resultan en absoluto estresantes, sino incluso estimulantes.  Pongamos un ejemplo: por lo general, a la gente no le resulta muy estimulante hablar en público y menos en auditorios con más de 1.000 personas clavando su mirada sobre ti. Es posible que el corazón lata más rápido, los músculos se tensen, la respiración se acelere y que la mayoría de las personas consideren estos signos como señales de que algo va mal o muy mal, acercando el miedo a niveles de pánico y bloqueo. Sin embargo a mi, que disfruto profesionalmente con ello, me encanta, me resulta estimulante y mejora mi rendimiento ese puntito de estrés positivo que siento en el estómago ante grandes auditorios. Aumenta mis niveles de energía, concentración, motivación, agilidad, es decir que el estrés en ese caso no me limita, sino que me potencia. Potenciarte con tu estrés es posible Y resulta que investigaciones como la publicada por el departamento de psicología de la universidad de Harvard (Jamieson, Nock  & Mendes 2012) usando precisamente este factor estresante, hablar en público, confirman que la actitud de la persona frente a su estrés influye de forma crítica en cómo ese estrés la potencia o la limita.  Dicho estudio reveló que haciendo creer a una parte de los participantes que las señales fisiológicas del estrés que iban a experimentar al enfrentarse al auditorio, eran señales positivas de que su cuerpo y su cerebro les estaban preparando para entrar en estado de “alto rendimiento”, las personas entraban en estrés positivo de alto rendimiento. No es que no sintieran estrés,  porque aumentaban los niveles de alfa amilasa salival y con ello de estrés, sino que interpretaron ese estrés como un aliado que venía en su ayuda para llevar más sangre y más oxígeno a todos sus órganos  y así poder enfrentar el reto con sus mejores capacidades y recursos. De hecho las personas que cambiaron su actitud frente al estrés y que no trataron de evitarlo sino de aprovecharlo, no sólo fueron capaces de ofrecer un mejor rendimiento que las que consideraban que las señales del estrés anunciaban problemas, sino que sus vasos sanguíneos se contrajeron menos, por tanto el flujo de recursos (sangre, oxígeno,…) fue mayor hacia todos sus órganos y la protección de su salud cardiovascular más alta.  En los últimos años han surgido un creciente número de investigaciones, que muestran cómo el estrés puede ser el mayor asesino en serie de la historia, o el aliado estratégico más relevante al servicio de una vida que merezca ser vivida. El estrés previo y durante el 2023 Hemos podido atravesar, todavia lo seguimos haciendo pero de manera más sutil, lo que fue una catastrofe mundial, el COVID 19. De más esta decir que la misma ha tenido un impacto significativo en el nivel de estrés de las personas … Leer más

Tres ideas sobre desarrollo personal que he confirmado durante el período de pandemia

desarrollo personal leandro macho

Hace ya unas cuantas semanas, me tocó ponerme la segunda dosis de la vacuna del COVID. Mientras estaba en la cola, se me hizo inevitable ponerme a pensar en este desafío vital que nos ha tocado vivir. Ahora que parece que estamos llegando a un punto de inflexión, el futuro se torna algo más claro y la serenidad que lo acompaña, nos facilita la toma de conciencia de lo vivido.  Ha sido un periodo muy duro para muchos, de esto no cabe duda. Y precisamente esa dureza lo convierte en algo que permanecerá en nuestro recuerdo, por mucho que tratemos de negarlo. Si hemos de recordarlo, quizás merezca la pena hacer el esfuerzo de extraer algún aprendizaje que dé sentido al menos a parte de lo vivido. Me gustaría compartir con vosotr@s mi reflexión al respecto y conocer también la vuestra.  En mi caso, al igual que en el de much@s de l@s que me estaréis leyendo, la incertidumbre golpeó con fuerza mi forma de ganarme la vida. Gran parte del trabajo de desarrollo de la inteligencia emocional, que llevo años haciendo conmigo mismo, para poder después enseñarselo a directiv@s, profesionales y otras personas, cobró el mayor de los sentidos. Un “alud” de incertidumbre me sacudió, poniendo a prueba mi capacidad de gestión emocional ante la crisis. Una oportunidad para medir el nivel de desarrollo personal en el que realmente me encontraba… Desde la perspectiva que otorga el haber dejado atrás “el corazón de la tormenta”, estas son las 3 reflexiones clave, que me ha dejado lo vivido hasta ahora con la pandemia: No planifiques una derrota mientras que no has sido derrotad@, porque será el inicio de tu fracaso Mi trabajo previo a la pandemia siempre se había desarrollado de forma presencial. Conferencias, formaciones in company, coaching directivo… podéis imaginaros cómo se me presentaba el panorama laboral en abril del año pasado. Mi agenda anual “se cae” literalmente. TODO mi trabajo del año es anulado o “pospuesto sin fecha prevista”, dejando mi capacidad para seguir generando ingresos a “0”. Los clientes más optimistas, me dicen que quizás en septiembre se pueda empezar a retomar la actividad. Los más atenazadas por la incertidumbre, me dicen que el tijeretazo a los presupuestos afectará como mínimo a todo el año. La gran pregunta sin respuesta certera es… ¿cuánto durará esta situación? Y la pregunta a la que irremediablemente conduce la anterior es… ¿y cómo será el escenario posterior? El caldo de cultivo para que el cerebro comience a trabajar al servicio de “sus miedos”, está servido. Como hemos hablado en otros artículos, nuestro cerebro tiene facilidad para quedarse enganchado a emociones dolorosas, fruto de situaciones adversas vividas con anterioridad y en anticipar escenarios problemáticos cabalgando a lomos de nuestros miedos. En una situación como la vivida por todos nosotros el año pasado, es natural que nuestro cerebro comience a generar ANTs (Automatic Negative Thoughts) y adelantándose a dificultades que aún no han sucedido y quizás nunca lleguen a suceder. Si nos dejamos “engañar” por esta anticipación catastrofista de nuestro cerebro y nos creemos todos los pensamientos automáticos que genera, las emociones desagradables y en muchos casos limitantes por excesivas o descontextualizadas, están garantizadas. Y detrás de esas emociones, asoman oleadas de comportamientos reactivos, que no ayudan a gestionar con objetividad y eficacia la situación de incertidumbre que se cierne ante nosotros.  Dicho de otra forma, si nos dejamos llevar por el sesgo de negatividad de nuestros cerebros, y creemos que nos vamos a encontrar en una situación adversa en el futuro, estamos preparando el terreno para que a través del sesgo de confirmación, nuestro cerebro distorsione la realidad y la  haga encajar con nuestras temerosas anticipaciones. Eso nos incapacita para reconocer las oportunidades que pudieran ayudarnos a avanzar, superar o incluso crecer con la situación que nos está tocando vivir. Por esta razón, es importante entender que las situaciones de crisis van a alimentar nuestros miedos, a generar momentos de gran dificultad que tendremos que gestionar lo mejor que podamos y también que darnos por vencid@s demasiado pronto, aumentará literalmente nuestras posibilidades de fracaso.  Céntrate en los hechos y úsalos para tomar las decisiones más acertadas Así que, aún cuando se había cancelado toda mi agenda de trabajo y mi previsión de ingresos había pasado a “0” para lo que restaba de año (no los gastos que continuaban exactamente igual), dejarme llevar por mis miedos, no fue mi elección consciente (aunque la tentación estuvo ahí, acechando). La estrategia que siempre utilizo para que el miedo no me paralice es: 1º- Aceptar que es una respuesta natural de mi cerebro a la incertidumbre para tratar de proteger mi vida  2º Cuestionar esos miedos contrastándolos con la realidad. Mi mantra suele ser… “centrémonos en los hechos, no en alucinaciones”. Si los hechos indican que el miedo es racional, actúo protegiéndome como me resulte posible. Si los hechos indican que es irracional, lo dejo ir y me anclo a lo que indican los hechos. Así que, lo primero que hice fue revisar mis gastos, para ver dónde podía reducirlos. Una vez identificado, procedí a hacer lo necesario para ajustarlos. Por otro lado,  comencé a trabajar con el resto del equipo para re-planificar el rumbo ante el nuevo escenario. Decidimos testar algunas acciones on line, para explorar las oportunidades ocultas, que siempre son la otra cara de la incertidumbre.  Simultáneamente y tanto para mi tranquilidad como para la de mi familia,  según iban pasando las semanas, comenzaban a aparecer oportunidades de trabajo derivadas de la situación de alta inseguridad que invadía a muchas organizaciones. La situación me brindó la oportunidad de poder acompañar  y ayudar a avanzar, a diversas empresas, directiv@s y profesionales, en este difícil proceso.  Buscando información sobre gestión de crisis llegó a mis manos un estudio de Harvard sobre el impacto que tenían las decisiones de los directivos en la gestión de las crisis. En él explicaban cómo la aplicación de la mentalidad de evitación o la de búsqueda antes las crisis, … Leer más

Objetivos: cómo impulsarte y lograr lo que te propongas, utilizando los descubrimientos sobre el cerebro

Objetivos Leandro Fernandez

¿Te has planteado alguna vez lograr un objetivo en tu vida profesional o personal? Quizás en la personal no, pero estoy seguro de que en la profesional, aunque tu no te los hayas planteado, alguien lo habrá hecho por ti.  ¿Te has dado cuenta de que en muchas ocasiones proponernos lograr algo no es suficiente para conseguirlo? ¿Has observado a tu alrededor personas que se proponen cosas sin llegar a conseguirlas? ¿Qué les falta?  ¿Te has dado cuenta de que sin embargo hay otras a las que parece que la suerte les sonríe y tienden a conseguir lo que se proponen? ¿Cómo lo hacen?  Pues bien, vamos a desentrañar algunos de los misterios que se esconden detrás del logro de objetivos. Establece metas y objetivos para mejorar tu felicidad y bienestar Empecemos por el hecho de que la sensación de logro y por ello tener metas en la vida, es uno de los 5 ingredientes principales para la felicidad y el bienestar de un ser humano, de acuerdo a las investigaciones del padre de la Psicología Positiva, Martin Seligman. Es verdad también que, de acuerdo a las investigaciones del considerado por el padre de la Psicología Positiva, como el más importante investigador del mundo en este campo, Mihály Csíkszentmihályi, la ausencia de sensación de reto en el ser humano, es una salvoconducto directo a la pérdida de felicidad potencial. De modo que para ser felices en la vida, además de otras cosas, resulta fundamental tener objetivos, que estos sean retadores y sentir que avanzamos y los vamos logrando. Además, si echamos un vistazo al funcionamiento de nuestro cerebro triuno (reptiliano, límbico, neocórtex), podemos desentrañar algunas claves que nos descubren el camino hacia el logro de nuestros objetivos.  Conoce tu cerebro para catapultarte hacia tus objetivos En la capa más primitiva de nuestros cerebros, el cerebro reptil,  se encuentra la capacidad para identificar las señales capaces de catapultarnos hacia nuestros objetivos. De toda la información que percibe el cerebro, éste descarta el 99% de la que recibe. El consciente y el subconsciente, trabajan en equipo para quedarse con la información más relevante y dejar correr la que no lo es tanto. La región del cerebro que filtra la información y determina cuál merece ser considerada y cuál descartar, es el SAR (Sistema de Activación Reticular). Es el sistema que hace que cuando una pareja se queda embarazada, empiecen a ver mas carritos de bebé y embarazadas de las que veían hasta el momento, o que cuando nos gusta un determinado coche y estamos planteándonos si comprarlo, parezca que haya una invasión de esos modelos en nuestra ciudad. Es el SAR. Esta región tiene la capacidad de conectarnos con las señales más relevantes para avanzar hacia nuestras metas. La cuestión es… ¿podemos dirigir su actividad de algún modo? Y la respuesta es que sí.  Dirige tu Sistema de Activación Reticular de forma controlada El SAR se activa en base a los niveles de intensidad emocional que nos provoque aquello que buscamos. Esto quiere decir que para que el SAR te ayude a detectar dónde están las oportunidades capaces de hacerte avanzar hacia tu objetivo, has de apasionarte con ese objetivo. Has de vibrar con pasión ante la oportunidad de materializarlo. Si se trata de un objetivo sin más, si no tiene alma y de algún modo no expande tu pecho y hace latir tu corazón, su irrelevancia determinará los escasos recursos que tu cerebro dedicará a convertirlo en realidad. Así que ya tenemos localizada la parte de tu cerebro que se pregunta “¿Dónde está lo que puede ayudarme a lograr mi objetivo?”   Activa las palancas motivacionales adecuadas   Pero eso no es suficiente. Para mantener la llama emocional que aviva el fuego de la pasión por tu objetivo, será necesario dotarlo de un “para qué”. Tu cerebro, como buen optimizador del gasto energético en pro de la supervivencia, se preguntará, ¿para qué gastar esta energía en avanzar hacia ese objetivo? Y ahí entran en juego las  palancas motivacionales más importantes de nuestra especie y que se alojan en la 2ª capa en la evolución de nuestro cerebro, el sistema límbico o cerebro emocional. Esas palancas motivacionales son:   La respuesta de aproximación y búsqueda del placer, sostenida por el sistema de recompensa cerebral, el sistema de la dopamina. La respuesta de evitación del dolor, sostenida por el sistema de amenaza cerebral, el sistema que dispara la respuesta de estrés lucha-huida-bloqueo.   Como hemos visto en otras páginas de esta web, la motivación de nuestro cerebro social es minimizar la amenaza y maximizar la recompensa. De hecho las emociones asociadas a dolor y amenaza tienen entre 3 y 6 veces más impacto en nuestro organismo que las de placer. Esto significa que a la hora de “darle calor emocional” a nuestro objetivo y hacerle entender a nuestro cerebro “para qué” invertir recursos en lograrlo, resulta fundamental activar ambas palancas.   Identifica la palanca del dolor y el placer   Qué coste tendría para ti y para las personas que más te importan, que no hicieras todo lo posible por conseguir ese objetivo. Muéstrale a tu cerebro la amenaza que representaría no conseguirlo y por qué debe destinar recursos a ello. Qué beneficio  tendría para ti y para las personas que más te importan, que hicieras todo lo posible por conseguir ese objetivo. Muéstrale a tu cerebro el enorme beneficio que representaría conseguirlo y por qué debe destinar recursos a ello. Ya tenemos el “para qué”, ya tenemos el “dónde” y ahora necesitamos el “cómo”. Una parte de ese “cómo” llegará a medida que avances hacia el objetivo pero otra es importante que la dibujes tu mismo para aumentar la sensación de control del cerebro.    Traza un plan para avanzar hacia el objetivo Ya sabes que el mayor miedo de nuestro cerebro es el miedo a la muerte y este a su vez se divide en 2 grandes miedos hacia los que nuestro cerebro está sesgado y que disparan fuertemente la respuesta … Leer más

El trabajo en equipo, una de las habilidades clave de l@s profesionales TOP

Trabajo en Equipo Leandro Fernandez Macho

Importancia del trabajo en equipo en una empresa Resulta curioso para mi observar como la capacidad de trabajo en equipo de las personas en muchos casos se presupone, sin atender al enorme desafío que generalmente representa. El entorno global actual nos reta a conseguir resultados colaborativos.  Nos toca trabajar en equipo ya no sólo con personas de nuestro entorno cercano, sino con personas que viven en otras ciudades, países o continentes. Personas de culturas diferentes, con estilos de relación, comunicación o incluso toma de decisiones diferentes. Es posible que hayas tenido la oportunidad de trabajar en diferentes proyectos, donde el resultado final no dependiera sólo de tu trabajo, sino de éste en combinación con el de otras personas. Quizás incluso hayas trabajado en proyectos, donde el equipo ha funcionado como un reloj y ha sido un gustazo, mientras que en otros la colaboración ha resultado insufrible y los resultados, aunque se hayan logrado, el coste emocional, mental e incluso físico, haya sido brutal por el desgaste sufrido en las relaciones. Método de 14 ingredientes imprescindibles para aumentar el rendimiento en el trabajo en equipo La pregunta es… ¿Qué ingredientes resultan necesarios para que el trabajo en equipo fluya? Pues ahí va el modelo y la receta que he ido diseñando, desde la experiencia de trabajar con muchos equipos a lo largo de los años (si formas parte de algún equipo, puedes valorar de 0 a 10 cuánto de cada ingrediente hay presente en él): Un grupo de personas Hasta aquí, más o menos fácil. Con que haya más de una persona, primer ingrediente ¡¡¡conseguido!!! Con un “para qué” común Ya empieza a liarse la cosa. Trabajar bien en equipo, requiere un elemento intangible que marcará la diferencia a la hora de conectar a las personas con combustible emocional de alto rendimiento. Ese “para qué” común,  capaz de hacerles sentir parte de algo más grande que sí mismos, ha de estar orientado también a contribuir de forma positiva a la vida de otras personas (y no me refiero simplemente al bolsillo de alguien). La ausencia de este ingrediente, es lo que hace que en muchos casos los equipos se queden en individualidades que sólo actúan pensando en sí mismas y que ante las dificultades, en lugar de redoblar el apoyo, el remar juntos y el esfuerzo, lo que se redoble sea el “sálvese quien pueda”. Cada uno cumple una función y sostiene una tensión para el equilibrio y la supervivencia del equipo Las funciones han de estar claras, así como los límites de cada función y la jerarquía entre ellas. La indefinición resta fuerza, confianza y capacidad de aportar valor al equipo, al no sentirse plenamente incluido en el mismo. La misma indefinición, aumenta el estrés negativo, la percepción de amenaza, las emociones básicas asociadas a dicha percepción, como la ira y el miedo, y con todo ello la resistencia, el reproche, la actitud defensiva y demás ingredientes tóxicos para cualquier equipo. Cada miembro del equipo soporta además una tensión dinámica para que ese equipo pueda existir. El grado de tensión es equivalente al grado de responsabilidad sobre los objetivos de ese equipo. Cuanta menos clara la función, menos fuerza para sostener la tensión de manera productiva.  Donde cada miembro es reconocido y recompensado en función de su rendimiento y contribución a los resultados del equipo Creo que no hace falta explicar mucho al respecto. Sencillamente, las personas que aportan más, merecen recibir más, para mantenerse motivadas a seguir aportando “lo máximo” que puedan. Además, dada la tendencia de nuestro cerebro a fijarse más en los aspectos negativos que en los positivos, resulta necesario contribuir a la creación de una cultura de reconocimiento en el equipo. Las formas de reconocimiento pueden ser variadas. Lo importante es que se haga.  Trabajo en equipo coordinado en base a reglas y sistemas acordados.  Sin acuerdos en cuanto a reglas y sistemas, lo que probablemente sucederá es el caos. Además si queremos que la gente adopte con mayor facilidad las reglas y sistemas como suyos, es imprescindible que les hagamos partícipes del proceso de acuerdo. Y si los equipos son multiculturales, ni te cuento la importancia de este punto… Con canales, habilidades y actitudes que favorecen la comunicación fluida. Los canales si no hay, habrá que crearlos con lo que se pueda, y por favor que sean ligeros y ágiles. Las habilidades sociales que favorecen la comunicación de alto rendimiento, si no están desarrolladas, habrá que entrenarlas. Y las actitudes relacionadas con compartir, en lugar de encerrarse en la cueva, habrá que incentivarlas. Cuyas habilidades se complementan entre sí En un equipo las personas se conocen o hacen por conocerse lo suficiente, como para entender sus diferencias como oportunidades de complementarse y potenciarse. Al fin y al cabo, no somos buenos en todo, aunque todos somos buenos en algo. Cualquier cosa que alimente la inseguridad de los miembros, contribuirá a estimular la competición entre ellos en lugar de la colaboración. Con la participación de todos sus miembros Seguro que recuerdas por haberlo leído en otras páginas de esta web, que la sensación de rechazo o exclusión, dispara uno de los mayores miedos de nuestra especie, y con ello la respuesta de estrés en modo amenaza. De hecho, la neurociencia ha demostrado recientemente que la sensación de exclusión corre por los mismos circuitos de amenaza cerebral, que el dolor físico.  Desde la madurez y la destreza para resolver conflictos y superar desafíos Cada persona ve la realidad utilizando sus filtros subjetivos (personalidad, miedos, valores, creencias, historia de aprendizaje, situación personal, etc…). y por tanto la diferencia de puntos de vista será lo natural. Para poder ser un equipo, los miembros han de manejar esas diferencias con naturalidad, como oportunidad de enriquecimiento de las posibilidades. Así podrán utilizar esas situaciones de forma constructiva, aprovechando los conflictos y los desafíos como fuentes de aprendizaje, maduración y crecimiento. Para construir en lugar de destruir  Para que un equipo pueda avanzar con solidez, resulta fundamental que su actitud se … Leer más

La asertividad: aprende a decir no y construye relaciones productivas

Asertivdad Leandro Fernandez

A ver si reconoces alguna de estas situaciones relacionadas con la asertividad. ¿Alguna vez no has expresado tu opinión o lo que querías, por miedo a generar un conflicto con la otra persona? ¿Alguna vez has perdido los papeles y has dicho algo de un modo del que luego te has arrepentido? ¿Conoces a alguien a quien le cueste decir no? ¿Alguna vez el mensaje de alguien no te ha llegado porque aún teniendo razón en el fondo, la forma no fuera la adecuada? ¿Conoces a alguien a quien le cueste pedir lo que necesita? ¿Y a alguien que cada vez que pide algo, daña aunque no sea su intención hacerlo? El valor de la asertividad para tu vida Pues si reconoces alguna de las situaciones anteriores, entiendes el valor de entrenar la asertividad para la vida profesional y personal y por qué los entrenamientos relativos a la comunicación, son los que más se llevan a cabo en las organizaciones.  Y es que el arte de comunicarse bien, de forma saludable, constructiva y productiva para todas las partes, es eso… un arte. Son muchísimas las personas a las que he entrenado en comunicación interpersonal eficaz que me han dicho: “La de problemas que habría ahorrado, si hubiera tenido la oportunidad de aprender esto en el colegio…”. Y es que los seres humanos, dada nuestra condición de especie social, estamos constantemente comunicándonos con los demás, tanto cuando queremos comunicarnos, como también cuando no queremos hacerlo. La ausencia de comunicación en esencia no existe… Incluso cuando me aislo, estoy diciendo algo a los demás con mi aislamiento. Y ya que la comunicación es el principal vehículo de relación interpersonal, qué mejor que comunicarnos bien para lograr buenos resultados a corto, medio y largo plazo en las relaciones ¿no? El equilibrio entre dos estilos de comportamiento Pues bien, la asertividad representa la expresión de una sana autoestima a nivel interpersonal, combinada con una buena dosis de empatía. Representa el equilibrio entre dos estilos de comportamiento, hacia los que las personas tendemos en mayor o menor medida,  cuando nos relacionamos con los demás: La inhibición  Conlleva un cierta tendencia a adaptarse en exceso a lo que quieren o necesitan los demás, sin tener suficientemente en cuenta y expresar lo que uno mismo piensa, siente o quiere. Sería algo así como “Tú eres más importante que yo y lo tuyo es más importante que lo mío”. Este estilo de interacción, reduce las posibilidades de conflictos con los demás, pero aumenta el nivel de conflicto con uno mismo, con la consiguiente pérdida de autoestima  y la insostenibilidad saludable a medio y largo plazo. La agresividad Que conlleva una cierta tendencia a no tener en cuenta los sentimientos, opiniones o necesidades de los demás. En su forma extrema implicaría ofender, provocar y atacar, mientras que en su forma velada implicaría agredir “pasivamente” tirando la piedra y escondiendo la mano al no atreverse a mostrarse directamente agresivo con la otra persona. Sería algo así como “Yo soy más importante que tú y lo mío es más importante que lo tuyo”. Este estilo de interacción aumenta las posibilidades de conseguir lo que uno quiere a corto plazo, pero deteriora las relaciones y hace más difícil conseguir lo que queremos a medio y largo plazo. Las personas no querrán ayudarnos ni colaborar con nosotros. Y si lo hacen, será por miedo, con la consiguiente acumulación de resentimiento que derivará de ello y la pérdida de una de las fuentes más importantes de bienestar y capacidad para lograr resultados en la vida, que no son otra cosa que nuestras relaciones. ¿Reconoces a alguna persona de tu entorno, con tendencia hacia la inhibición o la agresividad? La asertividad, el término medio entre ambos polos. En este caso vendría a ser algo así como “Yo soy importante, tú también; lo tuyo es importante, lo mío también”. Así que desde esa suposición, me expreso de forma clara, directa y respetuosa, minimizando el coste emocional y cuidando la relación. Implicaciones de la asertividad La asertividad, implica ser capaces de hacer bien varias cosas (en las que si quieres puedes valorarte de 0 a 10, para ver cómo crees que andas en asertividad): Ser sincero sobre lo que es relevante. Expresar con claridad y respeto los hechos y sentimientos relativos  a la situación, evitando prejuzgar intenciones o comportamientos de la otra persona de forma subjetiva. No ceder en lo fundamental Saber cuál es nuestro límite, lo que no estamos dispuest@s a aceptar, para poder expresarlo con claridad y respeto, al mismo tiempo que exploramos alternativas que sí sean posibles para nosotr@s. Dejar claro que vamos a relacionarnos de igual a igual De ser humano a ser humano: porque probablemente compartimos un interés común, que es resolver la situación para que ambos quedemos lo más satisfechos posible.  Y tal vez te estés preguntando… ¿Y por qué nos cuesta a las personas ser asertivas? Y las razones pueden ser varias. ¿Por qué nos cuesta a las personas ser asertivas?  La tendencia genética de nuestra personalidad hacia el miedo a la sensación de descontrol (y me impongo para mantenerlo) o hacia el miedo al rechazo de los demás (y me adapto a ellos para mantener la aprobación y una armonía artificial). La influencia de personas no asertivas en mi entorno, de las que he aprendido cómo interactuar  y a las que he modelado. La recompensa en forma de elogios u otros refuerzos, cuando a lo largo de mi educación, mostraba conductas no asertivas. El castigo ante conductas asertivas que eran erróneamente consideradas por mi entorno como un comportamiento inapropiado. Creencias instaladas en nuestro hardware (cerebro) debido a la cultura en la que hemos nacido, vivido y sido educados. Reto: Tu primer entrenamiento de asertividad. La buena noticia, es que la asertividad es una habilidad que se entrena y que tanto para aquellos que necesitan “frenarse” como para los que necesitan “impulsarse”, el entrenamiento funciona y permite a las personas vivir relaciones más satisfactorias, más productivas y más libres, … Leer más

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    Ser más conscientes del impacto que el entorno tiene en nuestro rendimiento y bienestar, así como de los recursos de los que disponemos para liderarnos y liderar con éxito la V.I.D.A.

    Descubrir herramientas sencillas, prácticas y basadas en la ciencia, capaces de ayudar a desarrollar las habilidades necesarias para crecer y lograr resultados.

    Experimentar un impacto emocional capaz de dar ese “empujón” y hacer “click”, para comenzar a practicar con las herramientas capaces de generar cambio.

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    Leandro Fernández Macho
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